
(canon for three violins & cello)
Sabe... de ningún modo piense usted que mi intención es caerle bien. Malamente pretendo yo, simpatizarle; y a ello no atribuya usted, este elogio que bien pudiera ser.
de todo corazón quiero darle gracias Don Amado por el consuelo que significó ...
más de diez años atrás, mucho más diría yo. -¿Cómo dice?-
nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; sigo pensando desde aquel día que decía la verdad..
con el tiempo, de qué aprovecha tanto globo y tanta piñata..
si sólo están llenos de aire y caramelos, bah.. y con lo voraces que somos. con decirle nada más..
cuando chico estaba yo.. la Señora quiso adornar una bonita corona de esas que cuelgan casi siempre en la pared o en las puertas cuando viene navidad. Además, la sorpresa era que los botones que la adornaban eran dulces!! si, dulces de botones.
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
-¿Sabe?, me hizo acordar de mi abuelo que en paz descanse... La señora, los domingos por las tardes mientras esperábamos al abuelo para comer juntos, me contaba la historia de cuando ella era niña... yo la escuchaba siempre imaginándola, juega que juega... mira que mira... comiendo trozos de tierra para sentir el sabor y el olor de la tierra húmeda, recogiendo restos de loza y vidrios; y mi abuelo con el humo y su malla y sus abejas. Luego pienso en María, "estrujando" con sus manos claras y firmes la cera para dejar la miel, ¡qué mujer es la que imagino don Amado!... la veo joven y fuerte como estos árboles, aromos, acacios y boldos no sé por qué... si no la he visto más que dos o tres veces en la única fotografía que de ella quedó, a los poco más de treinta se marchó y sólo dejó una; pequeñísima y descascarada como los mismos adobes que se alzan aquí en este lugar que brota ahora de este mismo suelo.
cuando planté rosales, coseché siempre rosas. Estas pudieron ser las rozas que imagino rodeaban la casa de adobe en la que "la señora" creció con sus siete hermanos. Sus siete hermanos que quedaron solitos cuando la abuela se fue, los dejó y los dejó para siempre.
...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
He visto a esta mujer que me trajo al mundo, he visto su rostro recostado sobre el cajón, he visto como sus tiernas lágrimas aún buscan el pecho de quien la trajo a ella a este mundo y ahora le ha dejado. Veo su rostro reflejado en el lustroso recipiente, te llevas lo que no sabes y no sólo te la llevas a ella.
Esa mañana y esa tarde en la que te ausentaste de nuestras vidas acompañó mi juventud
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
Sabe... de ningún modo piense usted que mi intención es caerle bien. Malamente pretendo yo, simpatizarle; y a ello no atribuya usted, este elogio que bien pudiera ser.
de todo corazón quiero darle gracias Don Amado por el consuelo que significó ...
más de diez años atrás, mucho más diría yo. -¿Cómo dice?-
nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; sigo pensando desde aquel día que decía la verdad..
con el tiempo, de qué aprovecha tanto globo y tanta piñata..
si sólo están llenos de aire y caramelos, bah.. y con lo voraces que somos. con decirle nada más..
cuando chico estaba yo.. la Señora quiso adornar una bonita corona de esas que cuelgan casi siempre en la pared o en las puertas cuando viene navidad. Además, la sorpresa era que los botones que la adornaban eran dulces!! si, dulces de botones.
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
-¿Sabe?, me hizo acordar de mi abuelo que en paz descanse... La señora, los domingos por las tardes mientras esperábamos al abuelo para comer juntos, me contaba la historia de cuando ella era niña... yo la escuchaba siempre imaginándola, juega que juega... mira que mira... comiendo trozos de tierra para sentir el sabor y el olor de la tierra húmeda, recogiendo restos de loza y vidrios; y mi abuelo con el humo y su malla y sus abejas. Luego pienso en María, "estrujando" con sus manos claras y firmes la cera para dejar la miel, ¡qué mujer es la que imagino don Amado!... la veo joven y fuerte como estos árboles, aromos, acacios y boldos no sé por qué... si no la he visto más que dos o tres veces en la única fotografía que de ella quedó, a los poco más de treinta se marchó y sólo dejó una; pequeñísima y descascarada como los mismos adobes que se alzan aquí en este lugar que brota ahora de este mismo suelo.
cuando planté rosales, coseché siempre rosas. Estas pudieron ser las rozas que imagino rodeaban la casa de adobe en la que "la señora" creció con sus siete hermanos. Sus siete hermanos que quedaron solitos cuando la abuela se fue, los dejó y los dejó para siempre.
...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
He visto a esta mujer que me trajo al mundo, he visto su rostro recostado sobre el cajón, he visto como sus tiernas lágrimas aún buscan el pecho de quien la trajo a ella a este mundo y ahora le ha dejado. Veo su rostro reflejado en el lustroso recipiente, te llevas lo que no sabes y no sólo te la llevas a ella.
Esa mañana y esa tarde en la que te ausentaste de nuestras vidas acompañó mi juventud
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.


3 comentarios:
its. me.
hola Cristián.
Gracias, nos vemos
Esperamos tu colaboración el próximo número
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